Argelers 1939 (Spanish version)
En noviembre de 2009, mi familia y yo caminamos por una playa, entonces solitaria por ser fuera de temporada, en el sur de Francia. Se llama “Argelers-sur-Mer” y para la mayoría de la gente es un pintoresco pueblo playero. Para mi familia y cientos de miles de españoles significa lágrimas, muerte y dolor.
Fue en este tramo de arena castigado por el viento, en realidad un campo de concentración, en el que mi abuelo estuvo cautivo al final de la Guerra Civil española en 1939. Tanto él, como un millón y medio de patriotas españoles huyeron del asesinato y la tiranía del fascismo de Francisco Franco tras la derrota de las fuerzas republicanas.
Huían con la esperanza de encontrar refugio y una nueva vida en la vecina Francia. En realidad se encontraron hacinados en campamentos miserables a la intemperie donde sufrieron el frío, la desnutrición y la pérdida de la esperanza.
Los españoles no solo habían perdido la guerra contra el fascismo, sino que además se vieron obligados a dejar atrás a sus familias, sus hogares y sus vidas, sin saber si alguna vez podrían volver. Había varios de estos campamentos, llamados “acollides” (de acogida), al lado francés de la frontera.
Son unos hechos perdidos y casi olvidada por la historia. Los sobrevivientes recuerdan aún el frío del invierno y el hedor de la muerte. Cuerpos apilados dentro de los campos. El gobierno francés instó a los refugiados a volver a España, donde muchos se enfrentaron a la ejecución o a la cárcel. Algunos pudieron quedarse en Francia donde a partir de 1940 tuvieron que enfrentarse a un nuevo enemigo: el ejército invasor alemán, simpatizante con el regimen fascista de Franco.
Mi abuelo era uno de los que se quedaron en Francia. Después de sobrevivir años de lucha y clandestinidad, acabó instalándose en Marsella. Su familia no volvió a verle nunca más. Nuestra familia quedó destrozada, una víctima más del terrible poder que la dictadura de Franco tuvo en mi tierra.
Es una historia universal para personas en todo el mundo. La Guerra Civil forma parte del tejido que compone la cultura y la sociedad española. La sociedad española todavía no lo ha superado.
Por eso me sorprendió cuando mi padre nos sugirió un viaje a Argelers para ver dónde su padre había estado cautivo. Mientras caminábamos por la playa, el pasado empezó a llegar a nuestros sentidos.
Se podía sentir en la brisa: la tristeza de un millar de personas heridas, sufriendo física y mentalmente. No tenían nada. Ni casa, ni nación. No tenian futuro.
En la cara de mi padre, vi la intensidad de su recuerdo. El recuerdo de un niño de siete años que ve a su padre marcharse, aléjandose en la distancia a un destino incierto.
Al ver las lágrimas en sus ojos, sentí la necesidad de expresarme. Quería contarle al mundo el alto precio que pagaron estas personas en nombre de la libertad y la democracia.
Fue imposible para mí ser la misma después de estar en esta playa. Al igual que mi padre antes que yo, soy artista. Sólo sé una manera de expresar mis sentimientos: con pintura y un pincel sobre la tela.
Me puse a crear una colección de pinturas que muestran la emoción, el miedo, la ira y el hambre que se extendió por Argelers en 1939. En mi trabajo, uso cuerda, arpillera, arena, serrín y encajes para llegar a la emoción y el sentimiento que quise expresar en este proyecto.
LA CUERDA se convierte en más que eso, se convierte en un recurso a utilizar. Con el paso del tiempo, la cuerda también se asocia con las cosas que uno hace. Los sentimientos que se proyectan en una cuerda son tan reales como los que proyectamos en una persona. La cuerda natural es imperfecta y son sus defectos los que me fascinan. Sus imperfecciones la enaltecen. La cuerda natural envejece con los años, se desgasta, cambia con en el tiempo, y nosotros, los observadoers, formamos parte de este cambio. La cuerda es un recurso lleno de emociones.
EL ENCAJE es especialmente hermoso visto a distancia. Visto de cerca resulta intrigante: el encaje tiene una aureola de fragilidad que crea la ilusión de delicadeza.
EL SACO se menciona a menudo en la Biblia es como un símbolo de luto y penitencia y probablemente fue una forma de vestimenta. El yute es una tela resistente, ideal para los rigores que debe soportar.
LA ARENA se utiliza en la creación de mandalas, una tradición del budismo tibetano. Diferentes granos de arenas de colores brillantes se vierten en un círculo de madera formando un elaborado diseño. La arena de los mandalas representa la idea budista de la transitoriedad, de que nada en este mundo es permanente.
Algunos de estos materiales, si no todos, se encontraban en la playa de Argelers. Mi intención es que estos materiales, mezclados con la pintura y mi propia visión, evoquen en esta colección de pinturas la profunda emoción del sufrimiento humano y su catarsis final: la redención.
























